La bodega

Historia La fundación de la bodega se remonta a 1958, fecha de fundación de la Cooperativa de Borja, la cual ha sido a lo largo de los años la precursora de la mítica marca Borsao. En el 2001, Borsao pasó de ser una mera marca comercial a tener su propia personalidad jurídica con la creación de la sociedad Bodegas Borsao SA, que integra a las Cooperativas de Borja, Pozuelo y Tabuenca, aunando así esfuerzos, recursos y medios, que junto con la experiencia y potencialidad de los viñedos de las 3 bodegas han permitido desarrollar una nueva filosofía de trabajo que ha guiado al reconocimiento y prestigio internacional de la marca. La Bodega Actualmente la capacidad tecnológica, modernidad en las instalaciones, potencialidad de los viñedos y una sensibilidad minuciosa por el trabajo bien hecho, conforman los pilares básicos del grupo Borsao, que unido a la implantación de una nueva filosofía de trabajo han permitido afianzar la marca Borsao como el referente de los vinos de calidad de la Denominación de Origen Campo de Borja en el exigente mercado de Estados Unidos. Año tras año la implantación en el mercado nacional y de exportación sigue incrementándose, siendo una realidad no solo en Estados Unidos sino en países como Alemania, Canadá, Reino Unido, Suiza, Holanda, Suecia, Japón, Nueva Zelanda, etc. Elaboración La elaboración de sus vinos comienza en la propia viña, un adecuado calendario de vendimia en base al punto óptimo de maduración de las distintas variedades. Ya en el momento de recepción de la uva, se realiza una selección previa del fruto que entra en bodega. Quinientas mil frigorías se encargan de controlar la temperatura de fermentación de los mostos con el propósito de que durante el proceso no se pierdan las características de la uva de origen. Estrictos y rigurosos controles durante la maceración de los mostos transforman a éstos en un vino de calidad. Los vinos crianza y reserva se van formando en las 1200 barricas bordelesas de roble americano y francés. Seguidamente estos vinos madurarán con su permanencia en botella durante dieciséis meses en el caso del crianza o veinte meses en el caso del reserva. Todos estos procesos llevan a conseguir unos vinos de gran calidad y adecuados a la demanda actual del mercado.